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¿Se puede considerar a la filosofía como un arte?



viernes, 27 de noviembre de 2009

Réquiem.

Estoy cansado.
Cansado de siempre lo mismo y nunca nada.
Al final, y como ya he dicho, todo se sabe.
No me llamo Bruno, no vivo en Barcelona,
no voy a la universidad, no tengo un blog.
Ya no soy. No quiero ser.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Al final, da la casualidad de que todo se sabe. ¿Qué son las casualidades? ¿Cruces de caminos en medio de vidas? ¿Qué es una vida? ¿Un recorrido que sirve para marcar la vida de otros y superarnos?

- Mendo:
Voy a huir, pero contigo.
- Magdalena:
¿Perdiste el juicio?
- Mendo:
Resuelto está, vive Dios.
Y si te parece mal, aquí mesmo este puñal,
nos dará muerte a los dos.
Primero lo hundiré en ti,
y te darñe muerte, sí,
¡Lo juro por Belcebú!,
y luego tú misma, tú,
hundes el acero en mi.

¿Qué somo más que ilusiones? ¿De qué nos nutrimos más que de emociones? ¿Por qué nos asusta darnos a conocer? ¿Acaso no tenemos todos la misma base: ilusiones, emociones, esperanzas...? ¿Por qué hay veces que aún sabiendo la verdad seguimos mintiéndonos? ¿De verdad podemos llegar a ser tan cobardes?

- Mendo:
¿Hoy también, viejo Clodulfo,
habrás de guardar silencio?
¿Hoy tampoco mis preguntas
habrán en tus labios eco?
¿Cuándo saldré de esta torre?
¿Pronto o tarde? ¿Vivo o muerto?
¿No sabré tampoco hoy
lo que con ansias espero?
[...]
- Magdalena:
¿Dónde está el que mi paz turba?
¿Dónde está que quiero vello?
¿Dónde está el que fue motivo
de los celos de Don Pero?
¿Es éste?
[...]
Pues escuchad: ante todos digo
que su muerte quiero,
que si importunóme vivo
no ha de importunarme muerto.
Yo juro que nada
ha sido nunca Don Mendo;
que él, que me escucha, responda
si digo verdad o miento.
[...]
Padre y Señor, ya lo oíste.
Ya lo escuchaste, don Pero.
Jamás mis labios le hablaron
jamás mis ojos le vieron:
para robar, escaló
la torre de mi aposento.
Ladrón, ladrón, no mereces
otro nombre y a él apelo.
¿Por qué la venganza? ¿Por qué acudimos a ella cuando estamos heridos? ¿Por qué fingir fuerza cuando nos derrumbamos? ¿Por qué darnos la vuelta ante los problemas y salir corriendo para que no nos alcancen?
Mendo:
[...]
¿Qué traidora mano vertió en tus entrañas
la negra semilla de los tristes celos?
-Azofaifa:
Mis ojos, Renato, que vieron los tuyos
y vieron los suyos y en ambos leyeron.
¡Ella te idolatra!
[...]
¡Te adora!
Lo he visto en sus ojos.
- Mendo:
(Si tal fuera cierto
que hermosa venganza matalla de amores.)
-Azofaifa:
Y tú...
[...]
¿Por qué me engañaste? ¿Por qué me dijiste
que en ti los amores y la fe habían muero?
¿Por qué me dijiste que esos labios rojos,
que me vuelven loca, no darían más besos?
¿Por qué me dijiste que tus ojos claros
nunca mirarían con loco deseo?
¿Por qué me dijiste que no me abrazabas
porque las traiciones tanto mal te hicieron,
que en huelga tanquila de brazos caídos
tus brazos nervudos por siempre cayeron?
¿Por qué me engañaste, Renato? Responde.
[...]
-Mendo:
[...]
¡Mora digna de mi amor
pero a quien no puedo amar,
porque un hálito traidor
heló en mi pecho una flor
aun antes de perfumar!...
[...]
No celes, que no es razón
celar, del que por su suerte
en una triste ocasión
por escapar de la muerte
dejó en prenda el corazón.
No celes del desgraciado
que sin merecer reproche
fue vilmente traicionado
y cambióse en media noche
por no ser emparedado.
Ni a ti ni a nadie he de amar.
Al final, todo se sabe. Al final, después de equivocarnos, cuando algo es verdadero, vuelve. Al final, somos capaces de perdonar. Al final, después de saberlo todo, después de intentar alejarnos de la verdad que nos duele y nos afecta, la aceptamos y la hacemos formar parte de nosotros mismo, haciéndonos crecer dos centímetros.
- Magdalena:
Pues eres asaz cortés
ven aquí, pulcro trovero,
que voy, postrada a tus pies,
a explicarte cómo es
el amor con que te quiero.
¿Has visto cómo la flor
cuando despunta la aurora
abre sus pétalos tiernos
buscando luz en las sombras?
Pues así mi boca busca
el aliento de tu boca.
[...]
¿Has visto cómo los ríos
buscan el mar con anhelo
para darle cuanto llevan
porque es el mar su deseo?
Pues así mis labios buscan
los suspiros de tu pecho.
[...]
-Mendo:
(viendo marchar a Magdalena)
¡Aborto de Satanás! ...
Dentro de poco sabrás
quién es el Marqués de Cabra,
que ahora me ha dado palabra
de matarte y morirás.
Mas qué es esto ¿es ilusión?...
La venganza de Don Mendo, Pedro Muñoz Seca.
(Excelente comedia)
A esta comedia me unen profundos lazos de admiración. Hace poco me la recomendó una compañera de blog, ya la había leido con anterioridad, pero volví a sacar el libro de la caja de mudanza aún sin vaciar, le quité el polvo y lo releí, nunca me cansaré de hacerlo, intuyo.
Para no ser interpretado como acentuadamente subjetivo, he de reconocer que el teatro de Muñoz Seca, leído o represetado hoy, ha perdido su frescura, su intención y su oportunidad. Don Pedro Muñoz Seca fue un demedido dominador del arte escénico excesivamente sometido a las coyunturas de su tiempo. Su teatro, alegre, divertido, a veces cruel, en ocasiones ingenuamente moralizante, se salva de las críticas más adversas. Los secretos de la comedia no existían para la pluma de Don Pedro.
De todas sus comedias, esta sobresale por su increible gracia y su texto casi perfecto. La perfección en toda su obra literaria es imposible y la cuasi perfección determina el logro más culminante.
Con esta comedia, Muñoz Seca alcanza el objetivo de todos cuantos se someten al aplauso del píblico. La inmortalidad; una inmortalidad avalada por el éxito ininterrumpido que le introduce cono todos los honores en el reducido espacio de los elegidos. Los clásicos.

martes, 10 de noviembre de 2009

Ser o no ser.

Hamlet.- ¡Ser o no ser: he aquí el problema! ¿Qué es más levantado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas? ¡Morir..., dormir; no más! ¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne! ¡He aquí un término devotamente apetecible! ¡Morir..., dormir! ¡Dormir!... ¡Tal vez soñar! ¡Sí, ahí está el obsáculo! ¡Porque es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte, cuando nos han librado del torbellino de la vida! ¡He aquí la reflexión que da existencia tan larga al infortunio! Porque ¿quién aguantaría los ultrajes y desdenes del mundo, la injuria del opresor, la afrenta del soberbio, las congojas del amor desairado, las tardanzas de la justicia, las insolencias del poder y las vejaciones que el paciente mérito recibe del hombre digno, cuando uno mismo podía procurar su reposo con un simple estilete? ¿Quién querría llevar tan duras cargas, gemir y sudar bajo el peso de una vida afanosa, si no fuera por el temor de un algo, después de la muerte, esa ignorada región cuyos confines no vuelve a traspasar viajero alguno, temor que confunde nuestra voluntad y nos impulsa a soportar aquellos males que nos afligen, antes que lanzarnos a otros que desconocemos? Así la conciencia hace de todos nosostros unos cobardes; y así los primitivos matices de la resolución desmayan bajo los pálidos toques del pensamiento, y las empresas de mayores alientos e importancia, por esa consideración, tuercen su curso y dejan de tener nombre de acción... Pero ¡silencio!... ¡La hermosa Ofelia! Ninfa, en tus plegarias acuérdate de mis pecados.

domingo, 18 de octubre de 2009

¿Moral o Felicidad?


Como han señalado diferentes filósofos y psicólogos, o como quizá podríamos creer nosotros mismos a la luz de determinadas experiencias de nuestra vida, educación y cultura, la moral, o la ética, vendría a ser un modo de ornamento puesto a la vida, o una especie de pátina; cuando no simple moralina, represora además de la felicidad. En efecto, la moral, cabría pensarse, es constrictiva, impone renuncias, tiene poco que ver (si es que algo) con la tendencia a la felicidad; en una palabra, está asociada al sacrificio, limitando excesivamente la felicidad, o, a lo más, compatible con esa "felicidad" entendida como el bien moral honesto.

La felicidad, por otra parte, suele venir asociada a la idea de plena satisfacción de nuestras necesidades, a la realización, sin cortapisas, limitaciones o constricciones, de nuestros deseos; estrechamente emparentada, pues, con la alegría y el goce de la vida. Es decir, viene asociada con lo que suele asociarse la moral.

Sería por ello de interés debatir la relación entre moral y felicidad, en el sentido de si la moral da al traste con la felicidad, o al menos la dificulta sobremanera, y si la felicidad requiere estar libre de ataduras morales.


¿Van de la mano por la vida la felicidad y la moral?
¿Son contradictorias e incompatibles entre sí la moral y la felicidad, o bien sólo determinadas morales? ¿Pero son sostenibles y verdaderas las interpretaciones tanto de la moral como de la felicidad? De las teorías sobre la felicidad, ¿cuál, o cuáles, podrían parecernos las más "realistas" y en consonancia con la naturaleza del hombre? ¿Cómo cabría pensar una relación de compatibilidad, o incluso de complementariedad, entre la moral y la felicidad?


-

Ejemplo moral de Sócrates.

Suele darse una distancia, a veces muy grande, entre la moral mantenida de palabra y proclamada, bien por una sociedad, un grupo o un individuo, y la moral ejercida de hecho. Del dicho al hecho hay un gran trecho, señala el refrán. En cualquier caso, no siempre es fácil, antes bien, en ocasiones muy difícil, mantener efectivamente la moral proclamada.

Platón escribió un diálogo, titulado Critón, en el que podemos asistir a la reacción, deliberación y decisión que, ante la propuesta de un amigo, adoptó Sócrates, injustamente condenado a muerte por su ciudad y su leyes, y encarcelado en espera de ser ejecutada la sentencia. En vísperas ya de tomar la cicuta, su amigo Critón le ofrece la huída de la cárcel y de la ciudad, mediante el soborno de sus vigilantes, a fin de salvar su vida, si bien habría de huír a otra ciudad.

Critón apela, en su diálogo, con Sócrates, a lo injusto de la sentencia, a la obligacíón de Sócrates para con sus hijos, etc. Sócrates, por su parte, desatiende y rechaza la propuesta, apelando a su vez al conjunto de principios morales, tanto de carácter personal como social y político, amén de su atenencia a lo que le dicta su recta razón. No puedo rechazar ahora los razonamientos que en otro tiempo profesaba", "no se ha de tener en la mayor estima el vivi, sino el vivir bien, es decir, moralemente... Estas y otras consideraciones de no menor enjundia van engarzando la argumentación de Sócrates.

La gran brevedad del diálogo nos permite asistir de un tirón a esta representación del ejemplo socrático de una moral vivida hasta sus últimas consecuencias, según el relato de su discípulo Platón.


Y creo que... hasta aquí es todo cuanto tengo que decir.
Saludos y buena suerte, amigos.

martes, 13 de octubre de 2009

El mundo de las ideas.

En el libro VII de La República, Platón narra el conocido mito de la caverna, en el que intenta demostrar la validez de lo que hasta aquí se ha expuesto. Tratemos de imaginar que dentro de una caverna oscura hay unos hombres encadenados, orientados hacia la pared del fondo de la misma. En el lado opuesto, de espaldas a los encadenados, está la entrada por la que penetran los rayos de sol que proyectan la luz y las sombras sobre el fondo. Platón explica que la realidad auténtica para los encadenados serían sólo las sombras que han visto durante toda la vida proyectadas en la pared. Si uno de ellos fuera liberado de las cadenas y viera los rayos del sol, se daría cuenta de que la realidad no son las sombras sino aquello que se interpone entre la pared y la luz que penetra por la entrada. En el caso que intentara explicar todo ello a los encadenados, éstos posiblemente creerían que a raíz de su liberación el compañero se había vuelto loco y les resultaría difícil creer en la versión de los hechos explicada por el encadenado liberado.

Del mismo modo -afirma Platón-, el mundo que captamos a través de los sentidos es como las sombras que ven los encadenados. Sólo el alma sería capaz de ver la auténtica realidad, como así le courrió al preso liberado.

El alma nos libera de la apariencia a la que nos tienen sometidos los sentidos. El conocimiento es por tanto como una liberación de este mundo, el de los sentidos, y nos sitúa en el ámbito de la auténtica realidad: el mundo de las ideas.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Comentemos "el alma romántica".

El viajero de Caspar David Friedrich.



El yo heroico se puede apreciar en el desafío que hace el hombre a la naturaleza, su heroicidad es una causa perdida porque no podrá ganarla, pero él se enfrenta con la realidad para alcanzar aunque sea trágicamente, la inmortalidad.
El yo rebelde se percibe en la voluntad del hombre de que su poder personal esté por encima de todo y se alía con la fuerza sobrenatural de la naturaleza para alcanzar su fin, la inmortalidad dicha anteriormente.
El yo apasionado se transmite gracias a la posición del viajero, aunque está de espaldas el hecho de estar tan seguro en una situación como es estar en un acantilado demuestra su pasión por la naturaleza, un elemento que trasciende del individuo humano y que lo supera.
El yo desbordante queda totalmente caracterizado con la idealización de la naturaleza como lugar idílico difícil de encontrar en la vida real del día a día, en este aspecto, influye el campo de visión que tiene el viajero.
En la composición de los egos del alma romántica hay que valorar la pintura, sobretodo la textura de las nubes.


-


Para empezar, el romanticismo es un movimiento filosófico-artístico que se genera en Europa a mediados del siglo XIX.

El romántico, frente al ilustrado -de mentalidad lógica y objetivista-, se convierte en pura subjetividad emotiva. La emoción y la sensibilidad prevalencen sobre la intelección.

El romántico es, ante todo, un nostálgico. O bien dirige la mirada a un pasado lejano e idealizado en que todo iba mejor, o vive del recuerdo de la felicidad perdida. Sin embargo, el alma romántica no desea evadir la tristeza, sino que la busca activamente, encerrándose en su propio desgarramiento.

Nostalgia y dolor por lo lejano son los sentimientos por los que los románticos son desgarrados en todas direcciones. Echan de menos la cercanía y sufren por su aislamiento de los hombres, pero al mismo tiempo los evitan y buscan con diligencia la lejanía y el desconsuelo. Sufren por su extrañamiento del mundo pero captan y quieren este extrañamiento.

Hauser.

En nada se refleja con mas claridad el desgarramiento de la subjetividad romántica como en su obsesión por la subjetividad particular. Este culto al yo se revela particularmente en el impulso irresistible que el romántico tiene por la introspección. Se trata de una manía de auto-observación y de la necesidad del héroe romántico de tomarse a si mismo como objeto de contemplación.

Se siente ajeno al mundo y estima que los asuntos interiores son de mayor importancia que los asuntos del mundo. Mas aún, el romántico busca lo irracional, el éxtasis, la superstición y lo ficticio y lo misterioso con el mismo ahínco que se pliega sobre si mismo. Siente gusto por lo macabro, lo oscuro, lo nocturno y lo ficticio.

Todo lo que se asocia a la subjetividad impera y la emoción triunfa sobre la intelección.

Tiende a presentar la subjetividad en conflicto o bien consigo misma como alma atormentada, o con otro sujeto, o circunstancia, que trunca el camino del alma romántica hacia la felicidad. El alma romántica se afirma en el obstáculo que se le presenta frente a la posibilidad de su plenitud. Se puede alegar que el alma romántica es aquella que sabe que pudo haber sido feliz y que mantiene una sostenida añoranza por lo que pudo tener. El recuerdo lastimero y la melancolía son rasgos de una consciencia cuya definición se encuentra en el reino de la posibilidad, y específicamente en un proyecto de felicidad que queda trunco. En fin, los románticos, consideran "todo lo lógico y definido como algo menos valioso que la posibilidad abierta y no consumada ." (Hauser)

El romántico es ocasionalista, es decir el mundo material es mera ocasión para que el pueda afirmar su subjetividad. Mientras mas insustancial el mundo mas concreta y vital es el alma romántica. Así también, el alma romántica trata a la naturaleza en función de sus estados anímicos, sicologizándola y quitándole así su independencia. Otras veces la naturaleza se afana en no reflejar el alma romántica. De todos modos, el mundo natural se define como el "no-yo." La naturaleza es en tanto que existe para la subjetividad individual por ello es doliente y empática, adversa y hostil o sencillamente indiferente al proyecto-pena del héroe romántico.

Según Hauser, el romanticismo es historicista. Para el romántico cada suceso está atado a una cadena de acontecimientos previos que lo explican o lo evocan. Así el futuro es anhelado como consecuencia natural de la situacion presente.

La conciencia histórica del artista romántico unida al particularismo que se asocia a la creación artística culmina en el culto al héroe dotado de talentos artísticos. El alma romántico es una especie de espíritu de contradicción, de oposición sentimental al estado de cosas. No obstante, el artista ve en este cuestionamiento del mundo su aportación a ese mismo mundo. 0 de otra manera, el mundo es en tanto se le presenta como conflicto al alma romántica, y en cuanto su genio puede elevar este conflicto al plano del arte.

Y esto es todo por hoy.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Vagando se me ocurrió que...

"La aventura no es peculiar a este caso, sino que es esencial y permanente. Cuando buscamos el ser de algo o su verdad, esto es, la cosa mismo y auténtica de que se trata, lo primero que hallamos siempre son sus ocultaciones, sus máscaras. Ya lo advirtió Heráclio: "La realidad se complace en ocultarse." El universo es, por lo pronto, un constante carnaval. Máscaras nos rodean. Los árboles no dejan ver el bosque, la fronda no deja ver el árbol y así sucesivamente. El ser, la cosa misma, es por esencia lo oculto, lo encubierto, el señor del antifaz. A la operación que nos lleva a encontrarlo bajo sus ocultaciones llamamos 'verificar' o adverar, más castizamente averiguar. Es hacer patente lo oculto, es desnudarlo de sus velos, des-cubrirlo. Y esa manera de estar algo ante nosotros nudificado es su 'verdad'. Por eso es redundacia hablar de la 'verdad desnuda'.
El fenómeno de la ocultación no es complicado. Consiste sencillamente, en que el ser de la cosa o, lo que es igual, la 'cosa misma', la cosa es su 'mismidad' -queda tapada por todo lo que tiene que ver con ella, pero no es ella. Y nosostros en el itinierario de nuestra mente hacia la 'cosa misma' comenzamos por tomar 'lo que tiene que ver' con ella como si fuese ella."

Ortega y Gasset, Apuntes sobre el pensamiento, su teurgia y su demiurgia,

en O.C., V, pág. 525.


La realidad puede ser considerada desde distintos puntos de vista, todos ellos justificables. Cada punto de vista ofrece una perspectiva única, irreductible e indispensable acerca del universo. Bien sea porque nuestras circunstancias ofrecen en cada caso una peculiar visión de lo real (la perspectiva como peculiaridad: Ortega y Gasset), bien porque nuestras necesidades de supervivencia han congelado determinadas perspectivas para hacer la vida más soportable (la absolutización de determinadas perspectivas para conservar la vida: Nietzsche), la verdad es una pluralidad de perspectivas.

No se trata de que se dé una verdad como composición caleidoscópica de diversos elementos, sino de resaltar con Nietzsche el carácter activo, creativo, artístico, que implica la verdad. La fuerza del conocimiento tiene esta condición vital. Se subraya así que con las palabras no se llega jamás a la verdad y la verdad pura, sin consecuencias, es totalmente inconcebible. El lenguaje expresa siempre una relación respecto a los hombres y la verdad; es la extrapolación de estas relaciones, que acaban siendo ilusiones.

Pero con ello se está resaltando asimismo la riqueza del devenir de lo que hay, que no se agota en un juicio fijo y definido y que siempre desborda las circunstancias de cada hombre. La perspectiva, en este sentido, pertenece a la estructura de lo real y es irreductible. Véase el siguiente texto:

"Cada vida es un punto de vista sobre el universo. En rigor, lo que ella ve no lo puede ver otra. Cada individuo -persona, pueblo, época- es un órgano insustituible para la conquista de la verdad. He aquí como ésta, que por sí misma es ajena a las variaciones históricas, adquiere una dimensión vital. (...)
La realidad, como un paisaje, tiene infinitas perspectivas, todas ella igualmente verídicas y auténticas. La sola perspectiva falsa es esa que pretende ser la única. Dicho de otra manera: lo falso es la utopía, la verdad no localizada, vista desde 'lugar ninguno'."

Ortega y Gasset, El tema de nuestro tiempo en Obras Completas,

vol. III, págs. 199-201.

La cuestión de la verdad no es algo superfluo que se sobreañade a nuestros interrogantes, engrosando la lista de nuetsros problemas. Prescindir de ella no nos liberaría; antes al contrario, la verdad ha de ser leída como liberación, si bien ello no significa que no requiera nuestro esfuerzo por llegar a ser hombres: el hombre y la verdad no son los problemas enfrentados.

Hay, sin embargo, un modo corriente de presentar el tema de la verdad como primaria, y casi exclusivamente, referida al conocimiento. No decimos que no quepa esta lectura, pero la verdad tiene que ver igualmente con la realidad de las cosas (no en vano decimos: en realidad, de verdad...). Y, por otra parte, el conocimiento no es algo que constituya un mundo cerrado en sí sino que, en otro respecto, hay que considerarlo como una función y actividad del hombre y de la vida. Ha de redimirse en conocimiento a esta dimensión vital del hombre. Y, porque referido a ella, conocimiento y verdad no pueden sino jugar una determinada función, tanto en la dimensión ética inherente a la propia vida del hombre, como en su dimensión histórica y formativa.

El texto de Ortega y Gasset (el segundo), subraya el alcance de la verdad como una complejidad de relaciones. Sólo a través de diversas perspectivas, que corresponden al modo de ser de lo que realmente es y hay, es decir, de la realidad, podemos hacernos cargo de la verdad. Y, ahora, sólo mediante el estudio de diversos respectos podemos presentar la cuestión de la verdad, la verdad como cuestión. Así, curiosamente, para el estudio de la verdad, se impone la necesidad de que lo hagamos teniéndola en cuenta, desde diferentes perspectivas, desde diferentes circunstancias, que lo hagamos teniendo en cuenta, por tanto, lo que la verdad es.


-


Para concluir. He de decir que yo no pertenezco a ninguna parte mas que a la mente de los que me leen y reflexionan con lo que leen. Habito ahí, donde se mezclan los sueños y las pesadillas. Donde no hay nada más que fantasías, planes de futuros y ni rastro de realidades ni presentes.

He cruzado miradas con algún que otro lector, sin obtener reconocimiento por su parte. Paso desapercibido allí donde voy. Por eso es que no soy de ninguna parte, no pertenezco a nada ni a nadie. No pertenezco.


Saludos y buena suerte, amigos.