El "mundo verdadero" sobre el que versa la Metafísica, el de las esencias, es ficticio e irreal. A juicio de Nietzsche, esta distinción metafísica entre el mundo real y el aparente, formulada por primera vez por la filosofía platónica, late también en la distinción kantiana entre fenómeno (mundo aparente) y noúmeno (mundo real).
Para Nietzsche, el mundo nouménico es algo sobre lo que no tiene sentido hablar, pues nuestro conocimieno no puede extenderse más allá de los fenómenos sensibles. No existe la cosa en sí, y si existiera no podría ser conocida. Sólo existe la realidad de los fenómenos, de las apariencias, única verdadera realidad. Para Nietzsche, hablar de un mundo real y un mundo aparente es un símbolo de decadencia.
El "mundo real" es pura ficción. El mundo tachado por la filosofía anterior como "mundo aparente", es el único que existe.
. Willkommen. Welcome. Benvingut. Bienvenido.
¿Se puede considerar a la filosofía como un arte?
sábado, 26 de diciembre de 2009
domingo, 13 de diciembre de 2009
No ser. No sentir. Sólo vivir.
Una habitación vacía. Una habitación vacía y una ventana abierta. En ese escenario encontraron el cadáver de mis ganas de saber. De mis ganas de saber más que nadie.
Pasé la noche con una copa en la mano, dándole vueltas al vino que había en ella, mirando el recorrido que hacía, amenazando con salirse. Me pregunté para qué quiere uno saber si no tiene a quién enseñarle lo que sabe. Al no encontrar respuesta, cerré el libro de filosofía contemporánea y me bebí de un trago lo que quedaba en la copa, apagué la luz y ya no quise saber nada más, nada más sobre nadie más.
Hoy pasé por delante de un espejo y no me vi reflejado, pensé soy un vampiro, pero recordé que ya no soy. Yo era ganas de saber. Yo era pasión por el saber. Yo ya no soy ni ganas, ni pasión, yo ya no soy.
Al final uno cumple años y el deber te resta tiempo para dedicarlo a aprender. Aprender. Hoy prefiero mirar atentamente como se consume un cigarrillo entre mis dedos. Hoy prefiero aprender a hacer anillos de humo. Hoy prefiero aprender a enredarme en alguna melena (o en algún pelo corto, suave).
Las cervezas bajan, una a una, al final uno más uno son siete, como dijo Fran Perea. Siete cervezas más tarde, con ninguna otra luz más que la del cigarrillo prendido, uno aprende que en la vida no se pierde ni se gana, se vive.
La cabeza dando vueltas. Cojo el coche, precaución. La playa está sola, a excepción de un par de amantes que hay por ahí dando vueltas. Me siento en la arena, con las rodillas flexionadas entre los brazos, mirando el mar. Entonces, me acuerdo, donde yo vivía también hay playas. Alucinantes. Nostalgia. Me faltó gente por conocer. A pesar de todo sé, que más allá de mis promesas, no volveré. No volveré porque no quiero salir de casa por la mañana y volver por la noche habiendo visitado todos los lugares mágicos, infestados de turistas o de simples extranjeros. Qué pena. Qué pena.
Hoy me apetece correr desnudo por la orilla de los placeres de la vida, de la vida de hoy:
1er placer. Bañarse de noche en la playa. Así mismo, con ropa y todo, dejando los efectos personales, me doy un chapuzón. Salgo. La ropa se pega a mi piel. No hace frío, simplemente me congelo. Sería estupendo estar ahora mismo en Fañabé.
2º placer. Acostarse bajo el cielo negro en la arena, para ver las estrellas. La arena pegándose a mi cuerpo y yo, como si nunca hubiese visto una, mirando fijamente al cielo, buscando la estrella que más brilla, para ponerle nombre. Me hubiese gustado estar en el Teide aquel 12 de agosto.
3er placer. Volver a casa escuchando Monk a todo volumen. Corriendo, sin pausas. Tarareando las canciones arañándome la garganta. Dejándome los pulmones en cada nota. Me hubiese gustado haber ido al Festival de Jazz.
4º placer. Volver a casa y que nadie te pida explicaciones. Callado, me quito los zapatos en la entrada. Me quito la camiseta en el salón. Pongo una lavadora de lo-que-sea. Enciendo el televisor para que me haga compañía, aunque lo que haya sea una película porno. Quizás en este punto ya he perdido el sentimiento nostálgico.
Estos son los placeres de hoy. Los que me han hecho ser más humano. Estos son los que me han devuelto las ganas. Las ganas de saber. Aunque me han quitado las de escribir. Porquería más porquería, no se acepta.
Recostando la cabeza sobre la almohada puedo recordar la ropa pegada a su piel, empapada. San Juan. No hubo forma de entablar una conversación con ella, nunca crucé ni una sola palabra con ella, pero allí estaba, mirándome fijamente desde lejos, mientras salía una palabra tras otra de mi boca. Así es que si algún día vuelvo, iré a buscarla, sólo volveré para buscarla y llevármela lejos, donde podamos conversar, a solas, sobre los placeres de la vida. Sobre el placer que es que pueda fijar mis ojos en los suyos sin incomodidades. El placer que es que pueda rozar sin querer su mano con la mía. Si algún día vuelvo, iré a buscarla.
Pasé la noche con una copa en la mano, dándole vueltas al vino que había en ella, mirando el recorrido que hacía, amenazando con salirse. Me pregunté para qué quiere uno saber si no tiene a quién enseñarle lo que sabe. Al no encontrar respuesta, cerré el libro de filosofía contemporánea y me bebí de un trago lo que quedaba en la copa, apagué la luz y ya no quise saber nada más, nada más sobre nadie más.
Hoy pasé por delante de un espejo y no me vi reflejado, pensé soy un vampiro, pero recordé que ya no soy. Yo era ganas de saber. Yo era pasión por el saber. Yo ya no soy ni ganas, ni pasión, yo ya no soy.
Al final uno cumple años y el deber te resta tiempo para dedicarlo a aprender. Aprender. Hoy prefiero mirar atentamente como se consume un cigarrillo entre mis dedos. Hoy prefiero aprender a hacer anillos de humo. Hoy prefiero aprender a enredarme en alguna melena (o en algún pelo corto, suave).
Las cervezas bajan, una a una, al final uno más uno son siete, como dijo Fran Perea. Siete cervezas más tarde, con ninguna otra luz más que la del cigarrillo prendido, uno aprende que en la vida no se pierde ni se gana, se vive.
La cabeza dando vueltas. Cojo el coche, precaución. La playa está sola, a excepción de un par de amantes que hay por ahí dando vueltas. Me siento en la arena, con las rodillas flexionadas entre los brazos, mirando el mar. Entonces, me acuerdo, donde yo vivía también hay playas. Alucinantes. Nostalgia. Me faltó gente por conocer. A pesar de todo sé, que más allá de mis promesas, no volveré. No volveré porque no quiero salir de casa por la mañana y volver por la noche habiendo visitado todos los lugares mágicos, infestados de turistas o de simples extranjeros. Qué pena. Qué pena.
Hoy me apetece correr desnudo por la orilla de los placeres de la vida, de la vida de hoy:
1er placer. Bañarse de noche en la playa. Así mismo, con ropa y todo, dejando los efectos personales, me doy un chapuzón. Salgo. La ropa se pega a mi piel. No hace frío, simplemente me congelo. Sería estupendo estar ahora mismo en Fañabé.
2º placer. Acostarse bajo el cielo negro en la arena, para ver las estrellas. La arena pegándose a mi cuerpo y yo, como si nunca hubiese visto una, mirando fijamente al cielo, buscando la estrella que más brilla, para ponerle nombre. Me hubiese gustado estar en el Teide aquel 12 de agosto.
3er placer. Volver a casa escuchando Monk a todo volumen. Corriendo, sin pausas. Tarareando las canciones arañándome la garganta. Dejándome los pulmones en cada nota. Me hubiese gustado haber ido al Festival de Jazz.
4º placer. Volver a casa y que nadie te pida explicaciones. Callado, me quito los zapatos en la entrada. Me quito la camiseta en el salón. Pongo una lavadora de lo-que-sea. Enciendo el televisor para que me haga compañía, aunque lo que haya sea una película porno. Quizás en este punto ya he perdido el sentimiento nostálgico.
Estos son los placeres de hoy. Los que me han hecho ser más humano. Estos son los que me han devuelto las ganas. Las ganas de saber. Aunque me han quitado las de escribir. Porquería más porquería, no se acepta.
Recostando la cabeza sobre la almohada puedo recordar la ropa pegada a su piel, empapada. San Juan. No hubo forma de entablar una conversación con ella, nunca crucé ni una sola palabra con ella, pero allí estaba, mirándome fijamente desde lejos, mientras salía una palabra tras otra de mi boca. Así es que si algún día vuelvo, iré a buscarla, sólo volveré para buscarla y llevármela lejos, donde podamos conversar, a solas, sobre los placeres de la vida. Sobre el placer que es que pueda fijar mis ojos en los suyos sin incomodidades. El placer que es que pueda rozar sin querer su mano con la mía. Si algún día vuelvo, iré a buscarla.
viernes, 27 de noviembre de 2009
Réquiem.
Estoy cansado.
Cansado de siempre lo mismo y nunca nada.
Al final, y como ya he dicho, todo se sabe.
No me llamo Bruno, no vivo en Barcelona,
no voy a la universidad, no tengo un blog.
Ya no soy. No quiero ser.
Cansado de siempre lo mismo y nunca nada.
Al final, y como ya he dicho, todo se sabe.
No me llamo Bruno, no vivo en Barcelona,
no voy a la universidad, no tengo un blog.
Ya no soy. No quiero ser.
viernes, 13 de noviembre de 2009
Al final, da la casualidad de que todo se sabe. ¿Qué son las casualidades? ¿Cruces de caminos en medio de vidas? ¿Qué es una vida? ¿Un recorrido que sirve para marcar la vida de otros y superarnos?
- Mendo:
Voy a huir, pero contigo.
- Magdalena:
¿Perdiste el juicio?
- Mendo:
Resuelto está, vive Dios.
Y si te parece mal, aquí mesmo este puñal,
nos dará muerte a los dos.
Primero lo hundiré en ti,
y te darñe muerte, sí,
¡Lo juro por Belcebú!,
y luego tú misma, tú,
hundes el acero en mi.
¿Qué somo más que ilusiones? ¿De qué nos nutrimos más que de emociones? ¿Por qué nos asusta darnos a conocer? ¿Acaso no tenemos todos la misma base: ilusiones, emociones, esperanzas...? ¿Por qué hay veces que aún sabiendo la verdad seguimos mintiéndonos? ¿De verdad podemos llegar a ser tan cobardes?
- Mendo:
¿Hoy también, viejo Clodulfo,
habrás de guardar silencio?
¿Hoy tampoco mis preguntas
habrán en tus labios eco?
¿Cuándo saldré de esta torre?
¿Pronto o tarde? ¿Vivo o muerto?
¿No sabré tampoco hoy
lo que con ansias espero?
[...]
- Magdalena:
¿Dónde está el que mi paz turba?
¿Dónde está que quiero vello?
¿Dónde está el que fue motivo
de los celos de Don Pero?
¿Es éste?
[...]
Pues escuchad: ante todos digo
que su muerte quiero,
que si importunóme vivo
no ha de importunarme muerto.
Yo juro que nada
ha sido nunca Don Mendo;
que él, que me escucha, responda
si digo verdad o miento.
[...]
Padre y Señor, ya lo oíste.
Ya lo escuchaste, don Pero.
Jamás mis labios le hablaron
jamás mis ojos le vieron:
para robar, escaló
la torre de mi aposento.
Ladrón, ladrón, no mereces
otro nombre y a él apelo.
¿Por qué la venganza? ¿Por qué acudimos a ella cuando estamos heridos? ¿Por qué fingir fuerza cuando nos derrumbamos? ¿Por qué darnos la vuelta ante los problemas y salir corriendo para que no nos alcancen?
Mendo:
[...]
¿Qué traidora mano vertió en tus entrañas
la negra semilla de los tristes celos?
-Azofaifa:
Mis ojos, Renato, que vieron los tuyos
y vieron los suyos y en ambos leyeron.
¡Ella te idolatra!
[...]
¡Te adora!
Lo he visto en sus ojos.
- Mendo:
(Si tal fuera cierto
que hermosa venganza matalla de amores.)
-Azofaifa:
Y tú...
[...]
¿Por qué me engañaste? ¿Por qué me dijiste
que en ti los amores y la fe habían muero?
¿Por qué me dijiste que esos labios rojos,
que me vuelven loca, no darían más besos?
¿Por qué me dijiste que tus ojos claros
nunca mirarían con loco deseo?
¿Por qué me dijiste que no me abrazabas
porque las traiciones tanto mal te hicieron,
que en huelga tanquila de brazos caídos
tus brazos nervudos por siempre cayeron?
¿Por qué me engañaste, Renato? Responde.
[...]
-Mendo:
[...]
¡Mora digna de mi amor
pero a quien no puedo amar,
porque un hálito traidor
heló en mi pecho una flor
aun antes de perfumar!...
[...]
No celes, que no es razón
celar, del que por su suerte
en una triste ocasión
por escapar de la muerte
dejó en prenda el corazón.
No celes del desgraciado
que sin merecer reproche
fue vilmente traicionado
y cambióse en media noche
por no ser emparedado.
Ni a ti ni a nadie he de amar.
Al final, todo se sabe. Al final, después de equivocarnos, cuando algo es verdadero, vuelve. Al final, somos capaces de perdonar. Al final, después de saberlo todo, después de intentar alejarnos de la verdad que nos duele y nos afecta, la aceptamos y la hacemos formar parte de nosotros mismo, haciéndonos crecer dos centímetros.
- Magdalena:
Pues eres asaz cortés
ven aquí, pulcro trovero,
que voy, postrada a tus pies,
a explicarte cómo es
el amor con que te quiero.
¿Has visto cómo la flor
cuando despunta la aurora
abre sus pétalos tiernos
buscando luz en las sombras?
Pues así mi boca busca
el aliento de tu boca.
[...]
¿Has visto cómo los ríos
buscan el mar con anhelo
para darle cuanto llevan
porque es el mar su deseo?
Pues así mis labios buscan
los suspiros de tu pecho.
[...]
-Mendo:
(viendo marchar a Magdalena)
¡Aborto de Satanás! ...
Dentro de poco sabrás
quién es el Marqués de Cabra,
que ahora me ha dado palabra
de matarte y morirás.
Mas qué es esto ¿es ilusión?...
La venganza de Don Mendo, Pedro Muñoz Seca.
(Excelente comedia)
A esta comedia me unen profundos lazos de admiración. Hace poco me la recomendó una compañera de blog, ya la había leido con anterioridad, pero volví a sacar el libro de la caja de mudanza aún sin vaciar, le quité el polvo y lo releí, nunca me cansaré de hacerlo, intuyo.
Para no ser interpretado como acentuadamente subjetivo, he de reconocer que el teatro de Muñoz Seca, leído o represetado hoy, ha perdido su frescura, su intención y su oportunidad. Don Pedro Muñoz Seca fue un demedido dominador del arte escénico excesivamente sometido a las coyunturas de su tiempo. Su teatro, alegre, divertido, a veces cruel, en ocasiones ingenuamente moralizante, se salva de las críticas más adversas. Los secretos de la comedia no existían para la pluma de Don Pedro.
De todas sus comedias, esta sobresale por su increible gracia y su texto casi perfecto. La perfección en toda su obra literaria es imposible y la cuasi perfección determina el logro más culminante.
Con esta comedia, Muñoz Seca alcanza el objetivo de todos cuantos se someten al aplauso del píblico. La inmortalidad; una inmortalidad avalada por el éxito ininterrumpido que le introduce cono todos los honores en el reducido espacio de los elegidos. Los clásicos.
martes, 10 de noviembre de 2009
Ser o no ser.
Hamlet.- ¡Ser o no ser: he aquí el problema! ¿Qué es más levantado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas? ¡Morir..., dormir; no más! ¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne! ¡He aquí un término devotamente apetecible! ¡Morir..., dormir! ¡Dormir!... ¡Tal vez soñar! ¡Sí, ahí está el obsáculo! ¡Porque es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte, cuando nos han librado del torbellino de la vida! ¡He aquí la reflexión que da existencia tan larga al infortunio! Porque ¿quién aguantaría los ultrajes y desdenes del mundo, la injuria del opresor, la afrenta del soberbio, las congojas del amor desairado, las tardanzas de la justicia, las insolencias del poder y las vejaciones que el paciente mérito recibe del hombre digno, cuando uno mismo podía procurar su reposo con un simple estilete? ¿Quién querría llevar tan duras cargas, gemir y sudar bajo el peso de una vida afanosa, si no fuera por el temor de un algo, después de la muerte, esa ignorada región cuyos confines no vuelve a traspasar viajero alguno, temor que confunde nuestra voluntad y nos impulsa a soportar aquellos males que nos afligen, antes que lanzarnos a otros que desconocemos? Así la conciencia hace de todos nosostros unos cobardes; y así los primitivos matices de la resolución desmayan bajo los pálidos toques del pensamiento, y las empresas de mayores alientos e importancia, por esa consideración, tuercen su curso y dejan de tener nombre de acción... Pero ¡silencio!... ¡La hermosa Ofelia! Ninfa, en tus plegarias acuérdate de mis pecados.
domingo, 18 de octubre de 2009
¿Moral o Felicidad?
Como han señalado diferentes filósofos y psicólogos, o como quizá podríamos creer nosotros mismos a la luz de determinadas experiencias de nuestra vida, educación y cultura, la moral, o la ética, vendría a ser un modo de ornamento puesto a la vida, o una especie de pátina; cuando no simple moralina, represora además de la felicidad. En efecto, la moral, cabría pensarse, es constrictiva, impone renuncias, tiene poco que ver (si es que algo) con la tendencia a la felicidad; en una palabra, está asociada al sacrificio, limitando excesivamente la felicidad, o, a lo más, compatible con esa "felicidad" entendida como el bien moral honesto.
La felicidad, por otra parte, suele venir asociada a la idea de plena satisfacción de nuestras necesidades, a la realización, sin cortapisas, limitaciones o constricciones, de nuestros deseos; estrechamente emparentada, pues, con la alegría y el goce de la vida. Es decir, viene asociada con lo que suele asociarse la moral.
Sería por ello de interés debatir la relación entre moral y felicidad, en el sentido de si la moral da al traste con la felicidad, o al menos la dificulta sobremanera, y si la felicidad requiere estar libre de ataduras morales.
La felicidad, por otra parte, suele venir asociada a la idea de plena satisfacción de nuestras necesidades, a la realización, sin cortapisas, limitaciones o constricciones, de nuestros deseos; estrechamente emparentada, pues, con la alegría y el goce de la vida. Es decir, viene asociada con lo que suele asociarse la moral.
Sería por ello de interés debatir la relación entre moral y felicidad, en el sentido de si la moral da al traste con la felicidad, o al menos la dificulta sobremanera, y si la felicidad requiere estar libre de ataduras morales.
¿Van de la mano por la vida la felicidad y la moral?
¿Son contradictorias e incompatibles entre sí la moral y la felicidad, o bien sólo determinadas morales? ¿Pero son sostenibles y verdaderas las interpretaciones tanto de la moral como de la felicidad? De las teorías sobre la felicidad, ¿cuál, o cuáles, podrían parecernos las más "realistas" y en consonancia con la naturaleza del hombre? ¿Cómo cabría pensar una relación de compatibilidad, o incluso de complementariedad, entre la moral y la felicidad?-
Ejemplo moral de Sócrates.
Suele darse una distancia, a veces muy grande, entre la moral mantenida de palabra y proclamada, bien por una sociedad, un grupo o un individuo, y la moral ejercida de hecho. Del dicho al hecho hay un gran trecho, señala el refrán. En cualquier caso, no siempre es fácil, antes bien, en ocasiones muy difícil, mantener efectivamente la moral proclamada.
Platón escribió un diálogo, titulado Critón, en el que podemos asistir a la reacción, deliberación y decisión que, ante la propuesta de un amigo, adoptó Sócrates, injustamente condenado a muerte por su ciudad y su leyes, y encarcelado en espera de ser ejecutada la sentencia. En vísperas ya de tomar la cicuta, su amigo Critón le ofrece la huída de la cárcel y de la ciudad, mediante el soborno de sus vigilantes, a fin de salvar su vida, si bien habría de huír a otra ciudad.
Critón apela, en su diálogo, con Sócrates, a lo injusto de la sentencia, a la obligacíón de Sócrates para con sus hijos, etc. Sócrates, por su parte, desatiende y rechaza la propuesta, apelando a su vez al conjunto de principios morales, tanto de carácter personal como social y político, amén de su atenencia a lo que le dicta su recta razón. No puedo rechazar ahora los razonamientos que en otro tiempo profesaba", "no se ha de tener en la mayor estima el vivi, sino el vivir bien, es decir, moralemente... Estas y otras consideraciones de no menor enjundia van engarzando la argumentación de Sócrates.
La gran brevedad del diálogo nos permite asistir de un tirón a esta representación del ejemplo socrático de una moral vivida hasta sus últimas consecuencias, según el relato de su discípulo Platón.
Y creo que... hasta aquí es todo cuanto tengo que decir.
Saludos y buena suerte, amigos.
martes, 13 de octubre de 2009
El mundo de las ideas.
En el libro VII de La República, Platón narra el conocido mito de la caverna, en el que intenta demostrar la validez de lo que hasta aquí se ha expuesto. Tratemos de imaginar que dentro de una caverna oscura hay unos hombres encadenados, orientados hacia la pared del fondo de la misma. En el lado opuesto, de espaldas a los encadenados, está la entrada por la que penetran los rayos de sol que proyectan la luz y las sombras sobre el fondo. Platón explica que la realidad auténtica para los encadenados serían sólo las sombras que han visto durante toda la vida proyectadas en la pared. Si uno de ellos fuera liberado de las cadenas y viera los rayos del sol, se daría cuenta de que la realidad no son las sombras sino aquello que se interpone entre la pared y la luz que penetra por la entrada. En el caso que intentara explicar todo ello a los encadenados, éstos posiblemente creerían que a raíz de su liberación el compañero se había vuelto loco y les resultaría difícil creer en la versión de los hechos explicada por el encadenado liberado.
Del mismo modo -afirma Platón-, el mundo que captamos a través de los sentidos es como las sombras que ven los encadenados. Sólo el alma sería capaz de ver la auténtica realidad, como así le courrió al preso liberado.
El alma nos libera de la apariencia a la que nos tienen sometidos los sentidos. El conocimiento es por tanto como una liberación de este mundo, el de los sentidos, y nos sitúa en el ámbito de la auténtica realidad: el mundo de las ideas.
Del mismo modo -afirma Platón-, el mundo que captamos a través de los sentidos es como las sombras que ven los encadenados. Sólo el alma sería capaz de ver la auténtica realidad, como así le courrió al preso liberado.
El alma nos libera de la apariencia a la que nos tienen sometidos los sentidos. El conocimiento es por tanto como una liberación de este mundo, el de los sentidos, y nos sitúa en el ámbito de la auténtica realidad: el mundo de las ideas.
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